ENTREVISTA CON EL VAMPIRO

Hoy traigo un tema que no es de temporada, como las diferencias entre gripe y resfriado, ni está de rabiosa actualidad, como el ébola, (tal y como os prometí en la entrada anterior). Es un tema que no tiene temporada. Ni temporada, ni edad, ni estrato social… Hoy os voy a hablar de la periodontitis o la enfermedad gingival (de las encías).

El sangrado de las encías es uno de los primeros síntomas de problemas gingivales. Puede presentarse como una ligera coloración rosácea de los restos de pasta y saliva cuando terminamos de cepillarnos los dientes, o bien puede verse claramente el hilillo de sangre en el lavabo como si fuéramos Brad Pitt  o Tom Cruise en “Entrevista con el vampiro” acabando su cena.

gingivitis SÍNTOMAS DE ENFERMEDAD PERIODONTAL

Sin embargo, el sangrado no es el único síntoma, sino que suele ir acompañado de mal aliento constante (por la degradación de compuestos que realizan las bacterias que han campado a sus anchas en nuestras encías), inflamación, sensibilidad, enrojecimiento y retracción de las encías, con lo que los dientes se ven más largos de lo normal (estoy segura de que Drácula de lo que sufría, aparte de porfiria, era de gingivitis…), sensibilidad y pérdida de anclaje de la raíz dental, y dolor al masticar.

Si sufres alguno de estos síntomas, que ya digo que no suelen aparecer solos, lo primero es acudir a tu dentista, ya que puede indicar el inicio de un problema grave bucodental. Para ello, lo más probable es que el dentista compruebe la “bolsa periodontal”, la cual hay que limpiar meticulosamente, y si lo cree necesario, comprobar si tu hueso se está desgastando mediante una radiografía, ya que la desosificación (pérdida de hueso) por gingivitis es la principal causa de pérdida de piezas dentarias.

APARICIÓN DE LA PLACA

¿Recordáis la serie “Érase una vez la vida”? (La verdad es que a mí me marcó, y debe ser por eso que siempre encuentro un símil en alguno de sus capítulos…) Si no sois demasiado jóvenes y hacéis memoria, las plaquetas solían hacer “castellers” en torno a cualquier herida o erosión dentro de los vasos sanguíneos, haciendo una pared. Pues ahora imaginaos que quien hace la pared no son las plaquetas sino esos gordos feos que hacían el papel de bacterias… Pues así es cómo se inicia la placa. Los estreptococos se adhieren a la pared de los dientes y así permiten que otros microorganismos se vayan adhiriendo a ellos y proliferando.

De hecho, una técnica para controlar si los niños aprenden a lavarse bien los dientes (pero bien bien, es decir, que consigan con el cepillado mecánico la eliminación de prácticamente toda la placa dental) es aplicar lo que llamamos “reveladores de placa“, que no es más que una sustancia (eritrosina o fluoresceína) que al contacto con los microorganismos se tiñe de color, bien sea de rojo (la placa más reciente) o de azul (la más antigua). No os asustéis porque esas sustancias se eliminan con el mismo cepillado, y así logramos una limpieza más adecuada.

¿CUÁNDO HE DE PREOCUPARME?

Con la aparición del primer síntoma. Las encías nunca deben sangrar, a menos que te cepilles los dientes con un cepillo que tenga las cerdas de plástico, y jamás deben doler. Si notas una ligera coloración rosa en el excedente de pasta que desechas en el lavabo, consulta a tu dentista o a tu farmacéutico. Tampoco han de aparecer restos de sangre en el hilo dental.

Si además notas que las encías dejan ver más tus dientes, que se están retrayendo, deberías ir directamente al dentista para que valore tu patología. No me gusta asustar, pero hay veces en las que se dejan pasar los meses e incluso años por no darle la importancia debida y al final la única solución pasa por la cirugía. Y a nadie le gusta que le abran.

TRATAMIENTO DE LA GINGIVITIS

Lo principal es la eliminación mecánica de la placa con un cepillado adecuado, a lo que me referiré en un próximo post. Sólo os adelantaré que las zonas más propensas a permitir la adhesión bacteriana suelen ser los espacios interdentales, por lo que es importante no olvidarnos nunca de esas zonas. Pero cuando barremos el suelo no queda totalmente limpio si no fregamos, con lo que es recomendable el uso de colutorios o lo que es lo mismo, una eliminación química de la placa.

Al tratarse de distintos tipos de bacterias y microorganismos, el tratamiento de la placa dental y gingivitis debería ser un antiséptico de los que llamamos “de amplio espectro”, es decir, al cual sean sensibles la mayor parte de microbios patógenos.

Los antisépticos bucales se pueden catalogar según su potencia, y en base a ésta encontramos:

  • De muy baja potencia: timol, cetilperidinio
  • De baja potencia: el fluoruro sódico
  • De alta potencia: la clorhexidina.

En este post os comentaré los más utilizados en nuestro país.

Cloruro de cetilpiridinio: suele tener menos permanencia en las superficies dentales, y es de menor potencia que la clorhexidina, por ejemplo. Pero combinada con ella, aumenta su eficacia.

Aceites esenciales: (Listerine®) Este colutorio puede parecernos “fuerte”, pero nada más alejado de la realidad, ya que su potencia antiséptica es menor que la de otros compuestos, pero siempre nos parece que “hace más” cuanto más nos pique en la boca… Ahí lo dejo.

Triclosán: (Gingilacer®) Aun teniendo una eficacia antiséptica menor a la de la clorhexidina, es un compuesto adecuado en casos de gingivitis por su efecto antiinflamatorio añadido.

Hexetidina: (Oraldine®) Es un antiséptico de poca permanencia en la cavidad oral, pero presenta también propiedades cicatrizantes. Su eficacia se ve aumentada cuando se combina con Zinc, pero es menor que la de la clorhexidina al 0,2%.

Clorhexidina: el antiséptico bucal por excelencia (Corsodyl® y Bexident® al 0,2%, Perio-aid®, Gum Paroex®, Cariax® y otros también al 0,12%) y no sólo por su alta potencia, (casi el doble de reducción de la placa que los anteriores) sino también por su baja toxicidad, ya que al ser una molécula relativamente grande, es difícil que sea absorbida por el tracto digestivo y pase al torrente sanguíneo. La podemos encontrar en pastas, geles adhesivos, sprays y colutorios.

Es importante recordar que el uso de pastas con lauril-sulfato sódico poco después del uso de la clorhexidina, disminuye el efecto que debería tener frente a la adhesión de nuevas bacterias a las paredes dentales. Al ser el antiséptico bucal más extendido y más estudiado, la tendencia ahora es a combinarla con otros componentes, como puede ser el cloruro de cetilpiridinio, y a mejorar su formulación galénica, por ejemplo disminuyendo el contenido en alcohol para no disminuir su eficacia.

Un apunte: a altas concentraciones, la clorhexidina parece que podría dar una ligera tinción a los dientes, por lo que el uso de las presentaciones al 2% debe ser limitado a  2 semanas. Las concentraciones de 0,12% no parece que tengan tanto poder de tinción, por lo que se podrían alargar algo más, aunque nunca más de 3 meses.

CASOS ESPECIALES

En el embarazo, por ejemplo, la boca es una de las partes de nuestro cuerpo que más sufre. Por algo el dicho de “un hijo más, un diente menos”. Esto es debido a las dichosas hormonas, que hacen que las encías estén más sensibles, sean más propensas a las infecciones y por tanto puedan sangrar. Y por si con el barrigón no tuviéramos suficiente, hacia el octavo mes estos problemas pueden agravarse.

Pero no todo está perdido. Con una higiene exhaustiva de la boca y la inestimable ayuda de la clorhexidina (sí, habéis leído bien, podéis usar algo más que el paracetamol: la clorhexidina bucal -sin tragarla-). Aun así, nunca está de más una visita al dentista al menos una vez entre el segundo y tercer trimestre, para aseguraros de que todo va bien.

En el caso de los fumadores, éstos tienen aún más papeletas de sufrir una enfermedad gingival, ya que el tabaco disminuye el aporte de sangre y nutrientes a las encías. Esto hace que disminuyan sus defensas, y por tanto favorece tanto la formación de placa como el acúmulo de toxinas dentro de la bolsa gingival. Esta acumulación de toxinas y la inflamación de las mismas puede acabar destruyendo los tejidos que sujetan los dientes, incluso el hueso, y ahí es donde aparecen los huecos entre las encías y las piezas dentales. En esos huecos se acumulan más bacterias y más toxinas que aumentan la infección, y como el hábito de fumar hace que la curación de nuestro cuerpo sea más lenta, acabamos en un círculo vicioso.

Incluso siendo más propensos a padecerlas, es más difícil detectar las enfermedades gingivales en los fumadores precisamente por la reducción del flujo sanguíneo a las encías, y la consiguiente falta de sangrado si se dañan. Así que lo primero que has de hacer, es dejar de fumar; y si entonces detectas que te sangran las encías, vuelve a leer este post para saber cómo actuar y no terminar como el cocodrilo del juego. 😉

cocodrilo sacamuelas

Por otra parte, si tienes un riesgo de enfermedad cardiovascular elevado, es muy importante que empieces a concienciarte de que has de cuidar tu higiene dental, puesto que las enfermedades gingivales se han relacionado con el riego de padecer algún tipo de accidente cardiovascular. Si no lo conoces, pregunta a tu farmacéutico. Él te puede ayudar y calcular tu riesgo cardiovascular.

Referencias:

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