LOS JUNIOS AL SOL

Ya en junio… Parece mentira cómo pasa el tiempo… Los niños ya empiezan a tener sus excursiones de fin de curso, se acercan peligrosamente SUS vacaciones (esos 3 meses en los que hay que hacer malabares para que estén atendidos sin que tú te cojas los mismos meses de baja…me río yo de la conciliación de la vida familiar…), empieza -por fin- a hacer calorcito, solete, a ver si nos ponemos un poquito morenas… Pero sin pasarse. Sí, yo también me uno al batallón de l@s farmacéutic@s/médic@s/profesionales sanitari@s que os vienen a dar la vara con eso de la fotoprotección.

¡Pero qué se le va a hacer! Para eso estamos, ¿no? Además de para velar por los pacientes, para conseguir que no lleguéis a serlo.

Así pues, en esta entrada voy a daros unas pinceladas acerca de la fotoprotección. Pero antes de nada, dadle al play, para amenizar la lectura… 😉

Seguro que quienes os habéis interesado por el tema, habréis leído miles de veces eso de las distintas radiaciones que componen la energía solar: la ultravioleta A (UVA), la ultravioleta B(UVB), la luz visible y la infrarroja (IR). A efectos dermatológicos:

  • UVA: causan el fotoenvejecimiento, la fotosensibilización y el melanoma.
  • UVB: causan el eritema inmediato (enrojecimiento)
  • luz visible: inofensiva para la piel
  • IR: empeoran el fotoenvejecimiento.

Es verdad que la radiación solar también tiene ciertos efectos beneficiosos, como son ayudar en la síntesis de vitamina D, efecto antidepresivo, estimulación de la circulación y efecto termorregulador. Pero para obtener estos beneficios es suficiente la radiación que simplemente recibimos por el hecho de salir a la calle un ratillo cada día. Y no nos engañemos: no hace falta tumbarse cual lagartija al sol para que nuestra piel sea capaz de sintetizar la vitamina D que nuestro cuerpo necesita.

¿Qué es el factor de protección solar o FPS?

Ese numerito que acompaña a los envases de fotoprotectores no se ha puesto al azar. Nos indica el poder de protección frente a la radiación UVB, y lo veréis también indicado como IP (índice de protección). Es el número de veces que aumenta el tiempo de exposición solar antes de que aparezca el eritema respecto a que no hubiéramos aplicado fotoprotector. Es decir, si voy a la playa sin crema y en 5 minutos al sol ya me pongo “colorá”, si me aplicara un fotoprotector de FPS 50 el eritema no aparecería hasta 250 minutos al sol.

¡¡ LO CUAL NO SIGNIFICA que si me aplico el fotoprotector no deba de renovarlo hasta 250 minutos después!! OJITO CON LO QUE ENTENDEMOS: los fotoprotectores han de aplicarse AL MENOS 30 minutos antes de la exposición solar, para permitir su absorción, y renovarse cada 2 horas Y después de cada baño. 

¿Por qué? Pues porque, por mucho que nos quieran vender eso del “water resistant”, y el “water proof” que quedan muy “cool”, son etiquetas estandarizadas según estudios en los que:

  • water resistant: es eficaz al menos un 70% de la fotoprotección después de 2 baños de 20 minutos cada uno.
  • water proof: es eficaz al menos un 70% de la fotoprotección después de 4 baños de 20 minutos cada uno.

Por tanto, no significa que el protector 50 que hayas utilizado vaya a tener la misma eficacia después de 40 minutos en el agua, o de 2 horas como es el caso de muchos niños que no salen de la piscina ni a tiros… Además, estos estudios no tienen en cuenta la composición de distintas aguas, como puede ser la salinidad del mar o el cloro de la piscina. Así que hazte un favor y renueva cada aplicación después de cada baño.

Otro numerito que acompaña al IP o FPS es el IPD (índice de pigmentación inmediata por oxidación de la melanina existente), PPD (índice de pigmentación duradera por la formación de melanina al cabo de 2-24h de la radiación) o PPF (factor de protección fototóxico), que nos indican la eficacia de protección ante la radiación UVA. Todos estos métodos reflejan la eficacia fotoprotectora al retardar la pigmentación inmediata (PPI) o duradera (PPD) de la piel a causa de los UVA. Existen también otros métodos in vitro de medición de este tipo de protección, que se pueden expresar como APP/% de protección. Sin embargo, no hay un método oficial para medirlo, por lo que, si queréis comparar distintos fotoprotectores en función a su eficacia ante los UVA y UVB, deberíais comparar los que se basaran en el mismo método.

No es lo mismo tomar el el sol en el mar, la piscina, la arena o la hierba...

No es lo mismo tomar el el sol en el mar, la piscina, la arena o la hierba…

¿Qué fotoprotector elijo?

Para elegir el fotoprotector adecuado, lo primero que hemos de conocer es el fototipo de piel que tenemos. Como no me voy a enrollar demasiado, os recomiendo esta entrada de mi amiga Mariví, donde explica al detalle esto de los fototipos.

Lo segundo, es considerar dónde y de qué manera vamos a exponernos al sol. Porque no es lo mismo dar un paseo a las 7 de la tarde vestidos y arreglados que pasarnos la mañana entera en bikini en la piscina (ojito al dato que digo la mañana, y no el día entero, porque nunca deberíamos exponernos directamente al sol entre las 12.00 y las 16.00). ¿No os habéis preguntado por qué cuando vamos a esquiar tenemos que tener muchísimo más cuidado con el sol? Aparte de la altitud (cada 300m aumenta un 4% la potencia eritematógena de la radiación UVB) y de la composición de la atmósfera, que también influyen en la cantidad de radiación que llega a la Tierra, el entorno donde nos expongamos al sol es importante por las diferencias en la cantidad de luz reflejada por los distintos suelos:

  • nieve: 85%
  • arena: 17%
  • agua: 5%
  • hierba: 3%

Esto significa que en nuestra piel incide un 85% más de radiación si estamos en la nieve, un 17% más si estamos en la arena, un 3% más si estamos en la hierba… Así que cuidado con la radiación indirecta.

Lo tercero, tener en cuenta condiciones propias, como pueden ser:

  • si estás embarazada: ese “chute” de hormonas que supone el embarazo tiene que tener sus desventajas, y una de ellas es que somos muchísimo más propensas a desarrollar manchas solares o el llamado cloasma. Por tanto, elige SIEMPRE el factor de protección más alto.
  • si el protector es para un niño: nunca expongas a un niño menor de 3 años a la radiación solar directa. Los daños solares en estas edades son MÁXIMOS Y ACUMULATIVOS, lo que aumenta el riesgo de padecer cáncer de piel en la edad adulta. Para mayores de 3 años, el fotoprotector debería ser de alto FPS, alta remanencia en la piel, resistentes al roce y al agua, alta tolerancia (los filtros físicos son mejor tolerados que los químicos) y a poder ser, oclusivos, para evitar la pérdida de agua y deshidratación de la piel.
  • si estás tomando medicamentos: existen muchísimos medicamentos que son fotosensibilizantes, como ya os conté aquí. Si tienes dudas, lo mejor es que preguntes a tu farmacéutico si tu tratamiento puede hacer que te salgan manchas por acción del sol. (Lo tenía que decir: ¡¡úsanos!!)

Como se me quedan muchas cosas en el tintero, pero no quiero aburrir, intentaré completar la información sobre fotoprotección en próximas entradas.

Porque todos los que leéis este blog sois unos soletes, pero los soles también se deben de proteger,

¡Cuidaos!

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